jueves, 13 de septiembre de 2012


El Loco

Sus nombres eran como de enciclopedia, algunos relacionados con un famoso presidente de los Estados Unidos y otros con un conde inglés. Títulos: los tenía todos, como diría mi padre, con más cartones que un tugurio y paradójicamente todos en Psicología. Sin embargo, todos ellos no le fueron suficientes para evitar que mi amiga, a la que él despectivamente llamaba ‘LCaucana, lo inmortalizara con la chapa de El Loco.

Y la verdad es que lo estaba, el único que no lo veía, al menos al principio, era yo. Lo cual más de diez años después encuentro completamente lógico. Era la típica historia del adolescente que se enamora del encantador cuarentón, con una pequeña salvedad: que el cuarentón era más bien cincuentón y el único encanto que tenía era el de manipular jovencitos.

Con claridad recuerdo el día que caminando en la calle me abordó, la seguridad de todas y cada una de sus palabras, pero por sobre todo esa arrogancia disfrazada de inteligencia que sin darme cuenta me cautivó. Pero repito, diez años después todo luce bastante diferente.
A ese primer encuentro callejero sobreviví gracias a la negación absoluta en la que vivía por aquel entonces. No puedo negar que en mis adentros lo único que deseaba era experimentar todo ese mundo desconocido del cual El Loco parecía tener las llaves de la puerta de entrada. Sin embargo, y como eniño de su casa, opté por huir de la situación, pensando en que ese sería un personaje del que no volvería a saber, al tiempo que me sentía aliviado de saber que no me dejé llevar por mi instinto y que aún podía defender a capa y espada el ser heterosexual.

De haber sido todo de la forma como lo pensé otra habría sido la historia. No obstante en una jugada absurda, marcada por la casualidad, meses después me lo encontré en frente de la puerta de mi edificio. En el primer momento no supe que pensar, llegué a preguntarme si era posible que el personaje me estuviera siguiendo. Pero que va, sólo se trataba de una vulgar casualidad: su mejor amiga era mi vecina.

Cinco minutos tardó la vecina en aparecer, una ventana corta de tiempo que le fue suficiente para lograr obtener el número de mi teléfono y una cita conmigo. Afortunadamente no tuvo más tiempo porque de haberlo tenido quien sabe que más cosas hubiese conseguido. Eso es lo que pienso hoy diez años después, pero en ese momento, no podía parar de repetirme a mi mismo y a los pocos amigos que sabían de mi “gaycismo” que se trataba del destino y que parecía ser que había encontrado el amor.
A partir de ese momento fuimos inseparables, no hubo un solo día que pasara sin que nos viéramos y sin que yo recibiera miles de atenciones de su parte. Todas y cada una enfocadas en hacerme sentir el rey del universo, en mostrarme un mundo que hasta ese entonces jamás había tenido; un universo al cual él sabía que yo no iba a poder renunciar con facilidad.

Era como si día a día con cada cena, regalo y detalle, forjara las barras de la jaula de oro en la que me encerraría para tenerme como su tesoro más preciado. Y yo como oveja que sigue a su pastor, no pude ver más allá de mis narices. Lo único que podía ver era que estaba viviendo mi propia cinderella story, en la que todo era color de rosa. En ese momento no pude imaginar que la miel de la luna se convertiría en hiel. En una tan amarga como sólo puede sentirse en el gusto tras horas enteras de vomitar sin pausa.

Pero volviendo al curso de la historia, en su propósito de tenerme, El Loco lo hizo todo. Eso tengo que reconocerlo. Desde ingeniarse declaraciones extremas de amor como parafrasear fragmentos de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, a la luz de las velas en un restaurante reservado exclusivamente para los dos. ¿Increíble cierto?

Pero eso no fue todo, al tiempo que me bombardeaba con sus dardos de romance, se aseguró de cubrir todas y cada una de mis válvulas de escape. Para ello se hizo amigo de todos mis amigos, lo cual le permitió estar en cada uno de los planes a los que pudiera haber lugar. No hubo fiesta, tomada de tragos o simple reunión en la que El Loco’ no estuviera presente. Adicionalmente, se aseguró de encantar con sus atenciones a todo mi entorno, incluso logrando poner a algunos de ellos a su total servicio. No había nada que fuera imposible de conseguir para El Loco. Desde licor y comida hasta marihuana y otras ayudas. Todo siempre a manos llenas y al extremo.

Uno a uno de mis amigos cayó en el juego, con excepción de ‘LCaucana’, quien fue directa en manifestar sus intenciones de no ser parte de él. Razón por la que la odió y vetó de toda nuestra agenda social.  

Todos y cada uno de mis pasos eran controlados. El Loco sabía mis horarios de clase, las horas en las que salía y llegaba a casa, si me reunía para un trabajo o si me iba al gimnasio; todo, incluso cuando yo no se lo contará. Así, sin darme cuenta, a mis escasos 20 años terminé convertido en el novio objeto. En una parte más del mobiliario de su apartamento, sólo que a diferencia de las lámparas de cristal Bacarat, yo era objeto de sus más bajos deseos, de sus celos enfermizos, de su obsesión por controlar y manipular. Del amor al odio hay solo un paso dicen las abuelas, así como lo hay del deseo sexual al asco, si queremos definir cómo se torno la alcoba en la parte final de esta relación enfermiza.

Así tal cual fue mi primera experiencia en el abismo del amor homosexual: extrema. De la pasión y el enamoramiento desenfrenado a la desesperación y a la impotencia de no poder terminar una cadena de extraña e inconcebible dependencia. El final de esta historia se lo pueden imaginar: adolescente deja de serlo y descubre a cincuentón con harem de jovencitos. Sólo una consideración final, lo único que diez años después sigue siendo igual, es el hecho de que El Loco, me enseñó a reconocer lo que no quiero tener en mi vida y eso no tiene precio!, como dice cierta publicidad, para todo lo demás existe MasterCard.

2 comentarios:

Juan Reca Live dijo...

Impactante, con una narrador que me pone losh pelosh de punta! me encanto esta historia por su narrativa mas que por el contenido porque la verdad fue un poco impactante el leerte desde esa perspectiva un poco humillativa aunque lo bonito es saber que ya todo paso :) Besos!!! MUA! y que viva el gaycismo! lol

Dieguis dijo...

Me gusta como escribes, un abrazo fuerte... Y saludos al loco...Tienes contacto con el personaje?