Corredor
Y se descubrió a sí mismo, corriendo tan rápido como nunca lo había hecho; avanzando sin pensar, desconectando sus piernas del cerebro. Corriendo, simplemente corriendo.
Al tiempo que lo hace, la señal en su cabeza, la de la luz roja que a modo estrodoscópico indica precaución, se hace más visible que antes, pero ahora ya no sirve de nada, ya ha pasado su tiempo y su función resulta inútil e incompetente, pues el mal ha avanzado lo suficiente para hacerse notar ante los ojos de todos. El avistamiento de una muerte segura, seguro le hace desear morir!
Mientras elucubra corre, con el único objetivo de llegar a la mitad de ninguna parte, con la intención de volver al punto del cual nunca debió haber salido, el mismo al que no debió haber llegado, aquel en donde no debió haber nacido. Corre, corre y corre, sin visionar consuelo alguno.
En su mente revuelta y sinapsada, se configura la estereotipada imagen tantas veces vista por el cinéfilo corredor. Aquella en la que el héroe de la película al estar en peligro ve correr ante sus ojos, la cinta de su vida; y saca fuerzas para seguir adelante. Sin embargo, en el caso del corredor de angustias y desesperanzas, esta secuencia no hace el efecto esperado, por el contrario incrementa el dolor por todo aquello que ha vivido y no podrá gozar de repetición. Porque él desde su desbarajustada cama de hospital; cada instante, minuto o segundo, se aleja más de todo y de todos; su paso veloz es ahora acompasado por el pito rechinante del respirador al que está conectado y por el llanto de quien quizás alguna vez le amó.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario